Sobre la niña extasiada…

 

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Pilar Giambanco proviene del ámbito de la fotografía donde ha dejado muestras de su buen hacer a tenor de las diversas manifestaciones artísticas en las que ha participado. Precisamente por venir de donde viene está dotada de una mirada plástica que la habilita perfectamente para captar en un instante la belleza de la realidad cotidiana, aquello que está detrás del acontecer diario y que es puesto en valor por la decisión creativa del artista, mediante la selección adecuada de la luz y del encuadre. Y eso es, justamente, lo que ha logrado en la fotografía que da origen al trabajo que ahora nos muestra.

Esa capacidad de mirar fotográfica constituye un excelente punto de partida para la actividad pictórica. Pilar, además de desarrollar adecuadamente las pautas técnicas del dibujo, sabe poner mucha emoción a su trabajo, algo indispensable para lograr involucrar al espectador.

A partir de una instantánea en la que el ojo del fotógrafo ha sabido captar a la perfección el equilibrio dinámico, mágico, “atemporal”, de una escena callejera, el ojo del artista selecciona un fragmento de la misma -la niña extasiada- para convertirlo en objeto de su actividad pictórica. Comienza entonces un nuevo trabajo estético que consiste en ir dando rienda suelta a la imaginación, en hacer surgir sobre el papel otras niñas mediante la mano que, hábilmente, va utilizando las distintas técnicas: lápiz, carboncillo o pastel. Tal vez lo importante sea la niña –su esencia que, como dice Pilar, es la misma-, pero es en la diversidad de formas donde el arte adquiere sentido. Más aún, sin esas diversas interpretaciones de una misma realidad, distinta cada una de ellas en sus matices de color, textura o tonalidad, ¿acaso podríamos llegar siquiera a acercarnos a la realidad esencial?

Cada una de esas interpretaciones, de esas miradas, tiene sentido en sí misma y tiene la capacidad no solamente de hacernos ver lo que significan sino también la de hacernos sentir, de emocionarnos.

Contemplémoslas, valorémoslas y disfrutemos de ellas.

Francisca Zamorano

-Zamorano Espacio-

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